this is what I’m doing on a Saturday night, what about you guys…
Morras que se visten así, por favor y gracias.
this is what I’m doing on a Saturday night, what about you guys…
Morras que se visten así, por favor y gracias.
Esta es la historia de un niño y una niña que se conocieron en el fin del mundo.
Estaban parados viendo el mar y a sus espaldas los edificios ardían, todo lo que conocían estaba desapareciendo y no veían a nadie más como ellos cerca. Se abrazaron, tomaron como refugio sus propios brazos y sin saber siquiera sus nombres se convirtieron en bunker el uno para el otro.
Ese día crearon un lazo profundo como el lazo entre un ave y la necesidad de volar, un lazo instintivo e inevitable; pero también ese día se dieron cuenta de que las cosas en ese mundo estaban cambiando y tendrían que viajar para descubrir qué pasaría ahora. Un sentimiento de miedo e incertidumbre atravesó sus cuerpos al descubrir lo que tendría que suceder, el estremecimiento que siguió fue un eco de todos esos terremotos que vinieron antes de su encuentro. Aunque eran su presente, también eran el último pedazo de pasado que les quedaba pero entre tantas nubes de humo y ese sol tan rojo que no podía verse entre las ruinas el futuro era difícil de descifrar.
Pasaron algunas lunas y algunos soles rojos juntos, escondidos, pero cada vez con menos miedo de este nuevo mundo que nacía. En este nuevo mundo ellos eran diferentes y quizás hasta especiales.
Ella, como la madre tierra de los mitos antiguos, como esa primera mujer en los mundos inexplorados, ella era vida y la vida le hablaba; la naturaleza estaba a sus órdenes pero ella no ordenaba. Una armonía inmensa vivía entre ella y cada ser vivo de este nuevo mundo.
Él, por su parte, escuchaba al viento hablarle al oído. Cada día le pedía a un animal que lo perdonara y le agradecía por completar su vida, para después asesinarlo. Limpiaba sus pieles en los ríos que se teñían momentánemente de rojo y compartía su carne con ella. Su cuerpo era uno más de los aliados de ella. Pero en su alma se sabía conquistador. Se sabía guerrero y sabía que este no era su lugar ni su momento.
Estela que sentía en si misma el fluir del mundo sabía que esto no iba a durar mucho. No podría durar mucho. La perfección de una rosa de cristal siempre termina en pedazos y ella prefería guardarla siempre en un estante hasta arriba del ropero, como lo hacía su abuela en el viejo mundo.
Esa noche los lobos de humo aullaron más que nunca y el silencio se rasgaba en los bordes con sus gritos de dolor. La luna fue brillante y naranja, casi como otro sol entre la oscuridad. Y esa noche ellos durmieron juntos por última vez.
Al despertar él se había ido, había tomado todas sus cosas y dejado una nota que decía:
Hoy, aquí, no es mi lugar. Un día volveré, cuando lo sea.
Hasta siempre, Adrián.
Y Estela lloró y ríos brotaron de las montañas y en cada lugar que sus lágrimas tocaron el suelo, lejos o cerca un extenso bosque empezó a nacer, a cubrirla con su espesor poco a poco hasta que se quedó en su palacio verde.
Esta es la historia de un niño y una niña que se conocieron en el fin del mundo.
Cada uno parado en frente del mar, justo antes de que todo cambiara.
Esta es, sin duda, la mejor versión de esta canción.
(Source: Spotify)
The colour of this crack changes to a darker version of your blog colour.
GET ON MY BLOG
(via hooli-gan)
Me siento profundamente ofendido porque cambiasen la cita de este gif. La original es: You’ve met me at a very strange time in my life y es de Fight Club, no esta mamada que le escribieron. Tengan madre.
(Source: imagenesespeciales, via damasdelalbedrio)
¿Sabes? A veces extraño extrañarte.
Eso fue lo que dijo la princesa verde un día después de pasar muchas lunas juntos y a la mañana siguiente el guerrero del viento ya había partido sin destino. Caminó en dirección opuesta a los enormes desiertos que ya había recorrido alguna vez, pues jamás quería volver a vivir esa experiencia, y el viento le susurraba al oído preguntas sin respuesta.
¿A donde vas?
¿Porque te vas?
¿Ya no la amas?
¿Volverás?
Así pasaban los días y los reinos y los castillos y las camas de tantas princesas que no sabían quienes eran y que él nombró una a una.
Así pasó por las caricias de la princesa de las nebulosas en las piernas y la de los ojos de esmeralda y la de los lunares en los hombros.
Así pasó por los pechos de la princesa de las pecas y la de los gemidos suaves.
La princesa de los olanes volaba entre los silbidos del guerrero del viento y sus respiraciones se agitaban al mismo compás y su pecho se alzaba y sus labios se abrían y el vapor de su respiración inundaba la habitación.
Tantas princesas convertidas en reinas convertidas en diosas y él, poco a poco olvidaba quien era, quien fue.
“Extráñame” le decía el viento cada día que partía hacia otro reino y había olvidado ya la primera vez que alguien le había dicho eso, que alguien le había rogado que no la olvidara, que ella siempre lo recordaría.
Cada vez le costaba más trabajo conquistar a las princesas nuevas y le costaba muchas lunas lograr que abrieran sus portones hacia él.
Cada vez costaba más trabajo recordar que era un guerrero y que no había perdido ninguna batalla.
Lejos, muy lejos, una bruja hermosa soñaba con él a diario. Sueña con sus brazos en su cadera y sus manos recorriendo su espalda, sueña con ser una más de sus princesas, sueña con que la nombre su princesa del viento.
A diario le manda mensajes con los pájaros diciéndole todo lo que era, todo lo que es y todo lo que está olvidando. A diario ella intenta que no se pierda a si mismo justo como él hace con las princesas, esperando que un día el voltee hacia los pájaros y los vea partir hacia su castillo negro y decida buscar a esa princesa.
El bosque poco a poco le ha regresado sus memorias, los pájaros le hablan a diario y no sabe a ciencia cierta quién los envía, le susurran en las noches que lo desean, que el fin del mundo ya sólo es un recuerdo más, que esa princesa antigua lo mandó a viajar de nuevo y que sabe, en lo profundo de su ser que cada vez que vuelva sucederá lo mismo, que ella no es una opción en este nuevo mundo.
El sabe que la mitad de las cosas que le dice son verdad, pero también duda de las cosas que no son ciertas. Puede haber un poco de verdad en todas sus mentiras, puede haber amor en sus caricias lejanas. Debe encontrarla. Debe verla al menos una vez.
Cada vez que el estaba por olvidar su nombre el viento le susurraba “Adrián, vuelve” y no reconocía esa voz, no era la princesa de las pecas ni la de los rasguños en la espalda, no era la princesa de los gemidos suaves ni la de los ojos de esmeralda, no era la princesa de los bosques negros ni era la princesa de las piernas amplias. Sonaba a dulce y putrefacto, como una fruta a punto de morir. Sonaba a los lobos negros que alguna vez el temió. Sonaba a su pasado y a su futuro.
Fue así que decidió dirigirse a ese castillo lejano esperando encontrar alguna princesa sin nombre que pudiera explicarle quien era él y no sólo preguntarle quien era ella.
There are billions and millions of unlived days for every day we live. An infinity. All the days that never came. And these are all my mum’s.
(Source: albionswarlock, via doctorwho)
Esto es un poco de lo que se escucha en la oficina si te sientas a lado del marihuano
(Source: Spotify)